
El hurto vehicular asegurado cae a su nivel más bajo en 10 años, pero datos del segundo trimestre de 2025 revelan que delincuentes ya no actúan al azar.
En apariencia, 2025 trajo buenas noticias para las aseguradoras y propietarios de vehículos: los robos de autos y motocicletas aseguradas se redujo a 55 casos en el primer semestre, frente a los 187 reportados en 2024 y los 145 en 2023.
Es la cifra más baja en una década, según el Informe Trimestral de Robo de Vehículos Asegurados correspondiente al segundo trimestre del año.
Sin embargo, detrás de esta caída numérica se esconde una realidad más compleja. El hurto vehicular no desaparece, solo se concentra.
Las bandas dedicadas al robo de vehículos cambiaron de método y de territorio. “Antes era un delito de oportunidad, ahora es un negocio con planificación”, afirma un investigador de seguros consultado, quien pide el anonimato.
Cortés y Francisco Morazán: los nuevos epicentros de los robos de vehículos
El informe muestra que Cortés y Francisco Morazán concentran casi tres de cada cuatro robos de vehículos asegurados en 2025.
Solo en esos dos departamentos se registran 41 de los 55 casos de este año. En San Pedro Sula, las redes operan cerca de zonas industriales y comerciales, donde se mueven camionetas de trabajo y motocicletas repartidoras.
En Tegucigalpa, el blanco preferido está en los bulevares de alto tránsito y en los estacionamientos de centros comerciales.
“Ya no se trata de un robo al azar. Los delincuentes saben a quién siguen, qué modelo buscan y dónde revenderlo o desmantelarlo”, señala un agente policial del Valle de Sula.
El informe respalda esa percepción: las marcas más robadas son Toyota, Nissan y Ford, en especial los modelos Hilux, Frontier y L200, altamente valorados por su versatilidad y demanda en el mercado de repuestos.
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El auge de la motocicleta como blanco principal
Otro hallazgo clave del informe es el protagonismo de las motocicletas. Aunque los robos bajaron respecto a 2024, cuando se reportaron 110 casos, siguen siendo el tipo de vehículo más afectado.
En total, las motocicletas representan más del 50 % de los robos de los últimos cinco años.
Las más vulnerables son Honda, Yamaha y Bajaj, y los modelos más atacados son Pulsar 200, XR-150 y CBF-160.
En la capital, muchos de estos robos ocurren mientras los conductores hacen entregas o estacionan frente a sus casas.
“Perdí mi moto en un minuto. No escuché nada, solo vi el candado roto”, contó un repartidor de comida rápida que fue víctima en Comayagüela.
El hurto vehicular en motos es un fenómeno de impacto económico y social: muchos de los afectados dependen de ellas para subsistir.
El crimen selectivo y la sombra del desguace
A diferencia de años anteriores, donde el robo de vehículos mostró un patrón disperso, el actual apunta a una estructura más organizada.
Los expertos en seguridad privada afirman que los grupos delictivos prefieren robar para piezas, alimentando un mercado paralelo de autopartes y talleres clandestinos en el norte y centro de Honduras.
La trazabilidad de los vehículos robados se vuelve compleja una vez que cruzan los límites departamentales.
El informe también registra casos en Guatemala y El Salvador, una señal de que las redes de tráfico transfronterizo siguen activas pese a los esfuerzos policiales.
“Hay bandas que roban en San Pedro Sula, desmantelan en Comayagua y venden piezas en Guatemala. Es una cadena silenciosa que mueve miles de lempiras”, explica un perito de una compañía de seguros consultada.
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El espejo de una inseguridad que muta
La reducción en los reportes de robos asegurados podría no reflejar una mejora real en la seguridad, sino una caída en la cantidad de vehículos asegurados o en la denuncia formal.
Muchos propietarios optan por no asegurar sus autos o motocicletas debido al costo de las pólizas y la poca confianza en recuperar el bien.
El hurto vehicular, en ese contexto, se mantiene como un termómetro del delito urbano.
Los expertos advierten que la aparente calma podría ser solo un espejismo estadístico. Mientras la economía informal crece y los controles de frontera siguen débiles, el negocio del robo de autos, aunque más discreto, sigue siendo rentable y sostenido por redes que operan en la sombra.
El desafío para las autoridades y las aseguradoras es fortalecer los controles de rastreo, cerrar los talleres ilegales y desmantelar el comercio informal de piezas robadas, dicen los agentes.
Solo así, las cifras dejarán de ser una ilusión y podrán reflejar una verdadera mejora en la seguridad vial del país.