La ciencia forense, el eslabón débil de la investigación en Honduras

La ciencia forense, el eslabón débil de la investigación en Honduras

La reciente capacitación de agentes de la DPI en análisis de marcas y patrones vuelve a poner sobre la mesa una vieja deuda del sistema de justicia: sin ciencia forense sólida, miles de investigaciones en Honduras nacen débiles.

Una huella de calzado junto a un cuerpo. Una marca de neumático en una calle de tierra. Un golpe que dejó un patrón claro en una pared. Son rastros que la ciencia forense puede leer y convertir en claves para desenredar casos que, de otro modo, quedan atrapados en la impunidad.

En Honduras, esas señales suelen quedar ahí: registradas, fotografiadas, archivadas, pero no siempre comprendidas.

No porque no existan, sino porque faltan las capacidades técnicas para interpretarlas correctamente.

Esa debilidad estructural explica por qué tantos casos avanzan poco o se caen en los tribunales.

Por eso, la capacitación reciente de agentes de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI) en análisis de marcas y patrones forenses, impartida por peritos del Ministerio Público, abre una discusión que va más allá del taller: la fragilidad de la ciencia forense en la investigación criminal hondureña.

Ciencia forense: cuando la prueba no alcanza

El análisis de marcas y patrones permite identificar huellas dejadas por objetos, calzado, neumáticos, herramientas o impactos contundentes. Es una disciplina silenciosa, pero decisiva.

“Una huella bien analizada puede ubicar a una persona en la escena del crimen; una mal interpretada puede destruir un caso completo”, explica un abogado penalista con experiencia en juicios por homicidio.

En la práctica, muchos expedientes se construyen con pruebas débiles, testimonios frágiles o reconstrucciones incompletas, porque la evidencia física no se procesa con la profundidad necesaria.

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Una deuda que se arrastra desde hace años

Especialistas en seguridad coinciden en que el problema no es nuevo. Honduras apostó durante años por operativos, capturas y despliegue policial, pero no con la misma fuerza por la ciencia que sostiene una acusación en un tribunal.

“El sistema sigue dependiendo demasiado de la confesión y del testigo. Cuando eso falla, el caso se cae porque la prueba científica no es sólida”, señala un analista en seguridad ciudadana.

El resultado es un círculo vicioso: investigaciones débiles, juicios largos, absoluciones por falta de prueba y una percepción ciudadana de impunidad que no se rompe.

El impacto humano de una mala investigación

Para organizaciones de derechos humanos, la falta de capacidades forenses no es solo un problema técnico, sino una forma de revictimización.

“Cuando el Estado no investiga bien, la víctima queda sola. No hay verdad, no hay justicia y no hay cierre”, advierten defensores de derechos humanos que acompañan a familias de víctimas de homicidio.

En muchos casos, la evidencia estuvo ahí desde el primer día, pero no se supo leer a tiempo.

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¿Capacitación suficiente o parche temporal?

La formación entre peritos y policías es vista como un paso necesario, pero insuficiente si no se convierte en una política sostenida.

“La ciencia forense no se fortalece con talleres aislados. Se necesita inversión, certificación, laboratorios equipados y coordinación real entre Policía, Fiscalía y jueces”, apunta un consultor en investigación criminal.

Además, advierten que la prueba no solo debe levantarse bien, sino resistir el juicio oral, donde los errores técnicos suelen ser explotados por las defensas.

En un país con altos niveles de violencia y una impunidad persistente, la ciencia forense podría ser una de las herramientas más poderosas para cambiar el rumbo de las investigaciones.

Pero mientras siga siendo el eslabón débil, la justicia seguirá caminando sobre terreno frágil.

Porque en Honduras, cada huella que no se entiende es una verdad que se pierde, y cada verdad perdida es una herida más para un sistema que aún no logra investigar como debería.

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