
Un asesinato cometido a plena mañana dentro de una vivienda en la colonia Montefresco terminó con una condena de 21 años de cárcel para un albañil.
Nada hacía presagiar lo que ocurriría aquel 28 de octubre de 2024. La colonia Montefresco despertó como cualquier otro día, con calles transitadas y vecinos rumbo a sus labores. En medio de esa normalidad, un asesinato se produjo en silencio, dentro de una casa, sin testigos y con una rapidez que no dio margen para escapar.
Brenda Lizeth Hernández Zelaya estaba en su vivienda cuando la violencia la alcanzó de forma directa y mortal.
El recorrido previo al asesinato en la Montefresco
Carlos Alfredo Mencía Mejía, de 34 años, se dirigía a una construcción en la colonia Valle de Sula, al sureste de San Pedro Sula.
Caminó por la 25 calle de la colonia cuando notó una vivienda con facilidad de acceso. Ese instante marcó el inicio de una secuencia que acabaría en asesinato.
Según las investigaciones, ingresó al inmueble sin saber o sin importar que sería sorprendido. Brenda Lizeth lo descubrió dentro de su casa. La reacción fue inmediata y letal.
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El robo dentro de la vivienda
El ataque fue directo. Un arma blanca bastó para provocar una herida en el cuello que causó la muerte inmediata de la víctima.
El asesinato se consumó sin palabras, sin discusión previa y sin posibilidad de auxilio. Aun así, la violencia no terminó allí.
Tras matar, el agresor tomó varios objetos de valor y abandonó la vivienda, huyó hacia su centro de trabajo como si nada hubiera ocurrido.
El cerco policial que se instaló
La escena salió a la luz tras una llamada al sistema de emergencia 911 que alertó sobre movimientos sospechosos.
Al llegar, las autoridades encontraron a Brenda Lizeth Hernández sin vida. Confirmaron que se trató de un asesinato.
Las cámaras de seguridad se convirtieron en piezas clave. El análisis de los videos permitió reconstruir los pasos del responsable antes y después del crimen, cerrándole cualquier ruta de escape.
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Las pruebas que sellaron la condena por asesinato
Con la evidencia reunida, la Fiscalía presentó un caso sólido. Frente al peso de las pruebas, Carlos Alfredo Mencía Mejía optó por un procedimiento abreviado y aceptó su responsabilidad en el asesinato y el robo.
La sentencia fue contundente: 15 años de prisión por asesinato y seis años adicionales por robo.
Sumó un total de 21 años de reclusión que deberá cumplir en la Penitenciaría Nacional.
El asesinato de Brenda Lizeth Hernández Zelaya no fue solo un crimen más en las estadísticas: fue la irrupción brutal de la violencia en un espacio íntimo.
Se truncó una vida en segundos y una colonia entera se sacudió por la certeza de que, a veces, basta una puerta mal cerrada ayuda para que la rutina termine en tragedia.