“Tengo problemas con el casino y usé el dinero”: esta fue la confesión de la mujer que dejó sin graduación a su hija y sus compañeros.
Una madre de familia fue denunciada penalmente en la comunidad de Eldorado, Argentina, luego de confesar que gastó 17 millones de pesos argentinos (más de 300 mil lempiras) en un casino, que habían sido reunidos durante ocho meses para la fiesta de graduación de estudiantes de la Escuela de Comercio 19.
El fondo había sido conformado por 35 alumnos, con aportes mensuales de 60 mil pesos argentinos (L1,090) por familia, y estaba destinado a cubrir los gastos del evento de egresados.
Sin embargo, los padres descubrieron lo ocurrido a pocas horas de la celebración, cuando los propietarios del salón de eventos advirtieron que la fiesta sería cancelada si no se abonaba el monto total.
La mujer señalada fue identificada como Romina Enríquez, de 42 años, enfermera del Hospital SAMIC de Eldorado y encargada de administrar el dinero.
Tras dejar de responder llamadas y mensajes, la acusada reconoció lo ocurrido a través de un mensaje de WhatsApp.
“La verdad, no hay justificación para lo que hice. Tengo problemas con el casino y usé el dinero, pensando que iba a recuperar, fui enterrando cada vez más“, admitió Enríquez en su mensaje.
Pese a la confesión, la mujer prometió devolver el dinero, aunque hasta el momento los padres afectados no han recuperado los fondos y procedieron con la denuncia correspondiente.

Padres reconocen exceso de confianza
Mónica Biczyk, una de las madres afectadas, lamentó la situación y reconoció que el grupo confió plenamente en una sola persona.
“Fuimos ingenuos al dejar todo en manos de ella. Siempre ponía excusas para no mostrar recibos ni el saldo de la billetera virtual“, expresó.
La cancelación del evento dejó a los estudiantes sin su fiesta de graduación, ya que el salón fue asignado a otro compromiso.
Incluso, una alumna decidió darse de baja porque su familia no quiso asumir nuevos gastos.
Celebración improvisada con apoyo del colegio
Ante la imposibilidad de realizar el evento planeado, las familias optaron por una celebración sencilla dentro de la escuela.
“Cada familia llevó pizzas y empanadas para compartir. El colegio también nos donó 15 pizzas y 15 docenas de empanadas“, relató una madre del grupo.
La hija de Enríquez participó en esta convivencia improvisada, que buscó al menos dar un cierre simbólico al ciclo escolar de los jóvenes, mientras el caso continúa su curso legal en medio de la indignación de la comunidad.
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