
Las fallas del sistema utilizado por el CNE reabrieron dudas sobre la transmisión electoral y despertaron un fuerte reclamo de investigación pública.
La transmisión electoral volvió a convertirse en un punto débil del proceso democrático hondureño. Lo que debía ser un sistema robusto, capaz de sostener el escrutinio en tiempo real, terminó empañado por fallas prolongadas, interrupciones y demoras que abrieron un vacío de confianza en un momento decisivo para Honduras.
La empresa Asesoría en Sistematización de Datos (ASD), contratada por el Consejo Nacional Electoral (CNE), no logró garantizar el servicio prometido, y hoy su desempeño está en la mira pública.
La situación no solo generó retrasos: encendió alarmas sobre la credibilidad del escrutinio y revivió temores que Hondura creía superados.
Fallas que ponen la transmisión electoral en la mira pública
Sectores políticos, especialistas y veedores coinciden en que la empresa incumplió su contrato al no asegurar una transmisión electoral estable.
El acuerdo establecía un sistema capaz de procesar al menos 200 mil consultas por segundo, las 24 horas del día, durante toda la semana electoral.
Sin embargo, las actas tardaron en cargarse, el sistema cayó en repetidas ocasiones y el flujo de datos se volvió irregular, generando un clima de confusión que se extendió por días.
El analista electoral Augusto Aguilar no minimiza lo ocurrido. “Algo semejante a lo de 2017, pero ahora está más delicado porque hay tres partidos con posibilidades reales”, advierte.
Para él, la interrupción prolongada, sumada a la cercanía de la fecha límite para la declaratoria, eleva la presión sobre el CNE y sobre la empresa responsable.
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Preocupación técnica y política: terminar el proceso sin descarrilarlo
En medio de la controversia, el analista Julio Larios llama a mantener el orden del escrutinio antes de profundizar en responsabilidades.
“Habrá que investigar y deducir responsabilidades, pero al final del proceso”, afirma. Larios insiste en que lo urgente es concluir el conteo y evitar que la crisis de la transmisión electoral desestabilice una contienda ya de por sí estrecha.
Su postura plantea un equilibrio difícil: la necesidad de transparencia frente a la obligación institucional de no interrumpir el proceso electoral.
La versión del Partido Nacional: ataques cibernéticos en pleno escrutinio
Otro elemento entró en escena desde el Partido Nacional, donde aseguran que el sistema enfrentó varios intentos de hackeo.
“Lo han intentado hackear tres o cuatro veces, y por eso el sistema se bloquea automáticamente. Eso retrasó el conteo”, sostiene Juliano Escaramuza.
El señalamiento sugiere que la crisis podría ser resultado de ataques externos, pero hasta ahora no existe un peritaje independiente que confirme esa hipótesis.
Un contrato incumplido que alimenta las dudas
Más allá de versiones, lo cierto es que ASD no cumplió el estándar técnico pactado para garantizar una transmisión electoral confiable.
La caída del sistema no solo retrasó el conteo: profundizó la incertidumbre en un momento en que cada minuto de información pesa.
La exigencia de investigación crece desde distintos frentes. Se reclama claridad: qué falló, quién falló y cómo se evitará que un episodio similar vuelva a poner en jaque un proceso electoral.
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Transparencia en este punto decisivo
Honduras atraviesa un tramo crítico en su ruta hacia la declaratoria. La crisis de la transmisión electoral dejó claro que un sistema débil puede comprometer no solo la tecnología, sino la confianza ciudadana en el voto.
La investigación que ahora se exige no es un capricho: es la oportunidad de blindar futuros procesos y dar al país las certezas que necesita.
La transparencia es hoy el único camino para cerrar esta herida.
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