Los Evangelios narran que, tras la muerte de Cristo en la cruz, el cielo se oscureció y la Tierra tembló
El Viernes Santo destaca como el día de mayor solemnidad en la Semana Santa. Siguiendo las creencias católicas, Jesús fue condenado a muerte en las primeras horas del día y fue crucificado por la tarde.
Los relatos bíblicos de Mateo, Marcos y Lucas coinciden en que el fallecimiento del Salvador del Mundo ocurrió cerca de las tres de la tarde, momento exacto en el que el cielo se oscureció por completo.
Ese cambio en el clima durante la muerte de Jesús todavía se repite dos mil años después. De hecho, es muy común que el cielo se ponga oscuro o llueva justo cuando la gente representa el Viacrucis en Semana Santa.
La respuesta no tiene su origen en algo sobrenatural o divino, sino más bien en una serie de condiciones climáticas asociadas con el cambio de estación y condiciones meteorológicas típicas de la temporada del año en que se celebra la Semana Santa.
La lluvia o los vientos fuertes no ocurren siempre en Viernes Santo. Tampoco hay pruebas científicas de que ese día llueva más que otros. Que caiga agua o haga viento depende del clima de cada ciudad y de cómo esté el tiempo en esa fecha exacta.
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El misterio tras la lluvia: ¿Fe o ciencia?
Los Evangelios narran que, tras la muerte de Cristo en la cruz, el cielo se oscureció y la tierra tembló. Para los creyentes, la precipitación en este día simboliza un recordatorio de ese momento de luto o un acto de purificación que lava los pecados de la humanidad.
La ciencia atribuye este fenómeno es una coincidencia estacional. La Semana Santa es una festividad móvil que se celebra entre finales de marzo y mediados de abril, coincidiendo con el inicio de la primavera en el hemisferio norte y la transición a épocas de lluvia en varias regiones tropicales.
Este periodo suele presentar una gran inestabilidad atmosférica debido al choque de masas de aire frío y cálido.

El factor psicológico menciona que al recordar mucho más los Viernes Santos en los que llueve debido a la carga emocional del día o porque la lluvia afecta las procesiones y planes al aire libre, reforzando la idea de que ‘siempre’ ocurre.
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