fidelidad que une y corrige el rumbo

El padre Juan Ángel López centra su mensaje en Judas como espejo de lo que no debe repetirse y en Jesús como camino de esperanza.

El Martes Santo avanza con la fidelidad de la obediencia a un Jesús que no se desvía, no retrocede y no negocia su misión. En ese tránsito sereno hacia la Cruz, Honduras encuentra este 2026 con una invitación para volver a la unidad, a la fe, a la tradición y al amor fraterno.

Por eso, el llamado “vayan también ustedes a mi viña” cobra fuerza en estos días, pero no como frase decorativa de temporada, sino como una convocatoria a participar, a comprometerse, a dejar de mirar la fe desde la orilla y asumirla como una tarea viva, concreta y compartida.

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Martes Santo, Judas entra en escena y deja una advertencia

En su mensaje de este 31 de marzo, el padre Juan Ángel López pone el foco donde duele: en Judas.

Lo presenta como protagonista de este Martes Santo, no para exaltarlo, sino para mostrar con claridad cómo no hacer las cosas.

Ahí radica la sacudida del día. La liturgia no solo consuela; también confronta. No solo abraza; también señala las fracturas del corazón humano, las lealtades rotas, la traición que nace cuando el hombre se aparta del proyecto de Dios.

“Mientras Judás encarna la ruptura, Jesús sostiene el rumbo. Mientras uno se quiebra en su respuesta, el otro persevera con una serenidad que no titubea”, plantea en su mensaje el sacerdote.

Y en esa diferencia se juega también una lección para el país: no hay unidad posible donde manda la mezquindad, no hay comunidad firme donde se normaliza la deslealtad, no hay esperanza duradera donde cada quien camina solo.

Martes Santo

Un mensaje de esperanza

“El Señor busca llevar el mensaje de esperanza a todo rincón del mundo. Tú eres mi siervo Israel, en ti manifestaré tu gloria. Es mostrar directamente que el proyecto de Dios, viene desde antes. Ese proyecto es reunir a Israel y ser luz de las naciones”, explica el padre Juan Ángel López.

Esa idea le da espesor al Martes Santo: la historia de Jesús no avanza al azar, y la esperanza que predica tampoco conoce fronteras estrechas.

Martes Santo

Reencontrarse en lo esencial

Esta jornada deja de ser un episodio aislado de Semana Santa y se convierte en un llamado de fondo. Honduras, con sus heridas, sus divisiones y sus fatigas, también puede leer este día como una convocatoria a reencontrarse con lo esencial.

No desde el discurso fácil, sino desde la fidelidad diaria; no desde la apariencia religiosa, sino desde una fe profunda que se traduzca en convivencia, respeto y sentido de comunidad.

Martes Santo, entonces, no solo recuerda que Jesús sigue su camino. También obliga a decidir desde qué lugar lo mira cada quien: desde la traición que rompe o desde la obediencia que construye.

Y quizá ahí esté la mayor fuerza de este día: en recordarle al país que la esperanza no florece sola, que la unidad no cae del cielo sin esfuerzo y que el amor fraterno empieza cuando se corrige el rumbo del corazón.

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