Alexander Villagra fue campeón de Madrid en dos categorías y hoy persigue el cinturón de Boxing Talents, un torneo que pone a prueba a los mejores del país
La jornada del hondureño Alexander Villagra no termina cuando apaga la máquina en la barbería: apenas comienza otra pelea cuando sale, cruza la calle y entra al gimnasio como quien cambia de mundo sin cambiar de piel.
A un lado deja el ruido de las tijeras, al otro, el eco seco de los golpes contra el saco. Entre ambos espacios, Villagra sostiene su vida. No llegó a España buscando aplausos, sino buscando una salida.
Tenía 19 años cuando dejó Comayagüela. No fue una decisión impulsiva: fue una urgencia.
“En mi país hay mucha criminalidad, mucha delincuencia. Ahí te matan a muy temprana edad, hay niños… niños que los están matando”, relata.
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Hondureño que decidió irse empujado por la violencia
En su barrio, la línea entre sobrevivir y caer era demasiado delgada. “No estás seguro en tu propio barrio”, resume.
Las maras, las tentaciones, las amenazas… todo estaba ahí, demasiado cerca, demasiado normalizado. “Cualquiera te ofrece droga, cualquiera te incita a cosas”.
Antes de que el riesgo se volviera irreversible, sus padres lo sacaron del país, no como castigo, sino como protección. “Antes de poner en riesgo mi vida, emigré”, cuenta.

Madrid, donde empezó de cero
Salió de Honduras con lo mínimo y sin tener certezas. Llegó solo a España, donde una prima le ayudó a encontrar una habitación.
Lo demás fue calle, búsqueda, insistencia. Empezar desde cero no tiene épica cuando se vive: tiene cansancio, solo tenía algo a su favor: un oficio.
La barbería no fue un descubrimiento, fue continuidad. El hondureño desde niño había aprendido a cortar cabello en Honduras, casi por obligación.
“Yo tenía 12, 13 años… y estaba ahí todos los días”. Lo que empezó como encargo terminó siendo identidad.
Aunque incluso eso tenía su peso allá. “Yo no sabía si al que le cortaba era un delincuente o un profesional. No podía ni hablar”, cuenta.
En Honduras, cualquier gesto podía malinterpretarse. En Madrid, cortar pelo se volvió otra cosa: estabilidad.
El golpe que cambió el rumbo
El boxeo llegó sin anuncio, fue con un cliente, una conversación, una invitación sencilla. “Cuando quieras, pásate”. Y pasó. Al día siguiente entró a La Escuela de boxeo y conoció a Jero. Y ahí empezó todo.
“Soy el peluquero del barrio”, dijo. Y salió con un apodo: El Peluki. No tenía trayectoria en el boxeo., apenas probó artes marcialess. “Empecé como todos, con miedo”, recuerda. Cinco años después, ese miedo ya no manda y ahora compite y también, gana.
Fue campeón de Madrid en dos categorías y hoy persigue el cinturón de Boxing Talents, un torneo que pone a prueba a los mejores del país.
Ya dio el primer paso: ganó su primer combate, así fue como el cinturón dejó de ser una idea lejana.

Pelear para no regresar
Su rutina no tiene descanso cómodo. el hondureño cuenta que madruga, entrena, trabaja, vuelve a entrenar. Ajusta horarios, se sacrifica, se disciplina, pero él no lo vende como sacrificio heroico, lo asume como camino.
“Dios pone a las personas indicadas”, dice agradecido porque en la barbería lo respaldan, le abren espacio, entienden que su pelea no termina en el local.
Mientras tanto, su familia lo sigue desde Honduras. Lo ven por redes, celebran cada victoria como si fuera colectiva.
Hace dos años volvió a Hondura sy entendió que irse fue la mejor decisión que tomó. “Algunos lo cuentan, otros están presos y otros ya no están”.
Entonces regresa al gimnasio, se venda las manos, se pone los guantes y vuelve a golpear y no solo para ganar un título. Golpea para sostener la vida que eligió.
Porque en cada round hay algo más en juego: no volver a ese lugar donde sobrevivir era una apuesta diaria y en esa pelea, Alexander Villagra ya decidió de qué lado quiere estar.
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