
La Banda del Cura ejecutó un crimen calculado en Olancho que terminó con la vida del ingeniero Marco Tulio Moncada. Hoy, cinco sospechosos enfrentan a la justicia.
La mañana del 6 de noviembre de 2025, Marco Tulio Moncada Torres no imaginó que su rutina terminaría en una emboscada mortal. En una aldea tranquila de Olancho, la Banda del Cura tomó posiciones.
Nada fue improvisado: cada movimiento, cada vehículo y cada disparo respondían a una orden previamente pactada.
Meses después, esa misma planificación fue la que permitió a los investigadores reconstruir el crimen y llegar hasta quienes, según las pesquisas oficiales, integran una de las estructuras criminales más activas de la zona.
La cacería en Catacamas: el cerco contra la Banda del Cura
Cinco allanamientos simultáneos en distintos puntos de Catacamas marcaron el inicio del cerco final. Las acciones, coordinadas entre fiscales especializados y agentes de investigación, buscaban algo más que capturas: desmontar el operar de la Banda del Cura en Olancho.
En esas operaciones detuvieron a cinco presuntos integrantes de la estructura: José Roberto Ponce Reyes, alias Casaya; Carlos Francisco Melara Alemán; Mario Alberto Hernández López, alias Pollo; Maryin Sarahi Bertrand Zelaya; y Riccy Daniela Aguilar Barahona, conocida como La Sombra.
Todos enfrentan acusaciones graves vinculadas directamente al asesinato y a la asociación criminal.
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El encargo mortal: cómo se ordenó el asesinato
Las investigaciones apuntan a que la muerte del ingeniero no fue producto de un conflicto espontáneo.
Según los hallazgos, Maryin Bertrand Zelaya habría sido quien ordenó la ejecución, activando la maquinaria criminal de la Banda del Cura, según la Fiscalía.
La mañana del crimen, dos de los implicados se movilizaron en un vehículo todoterreno negro sin placas, mientras otro avanzaba en motocicleta.
El objetivo estaba claro: ubicar a Marco Tulio Moncada y esperar el momento exacto para atacar.
La emboscada: disparos por la espalda
El ingeniero acababa de llegar a su vehículo cuando fue sorprendido. Abrió la puerta del copiloto y, de espaldas, quedó expuesto.
No hubo advertencias ni diálogo. Los atacantes aprovecharon ese instante para dispararle en repetidas ocasiones hasta quitarle la vida.
La escena fue breve, violenta y precisa. Así opera la Banda del Cura, según los investigadores: ataques rápidos, sin margen de error y con rutas de escape definidas.
Armas, celulares y rutas: las huellas del crimen
Durante los allanamientos, las autoridades decomisaron armas de fuego, teléfonos celulares y la motocicleta presuntamente utilizada durante el ataque.
Cada objeto se convirtió en una pieza clave para entender cómo la Banda del Cura se movía entre Catacamas, Juticalpa y comunidades aledañas sin levantar sospechas.
Estos indicios refuerzan la hipótesis de una estructura organizada, con roles definidos y una logística pensada para ejecutar asesinatos por encargo.
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Una estructura que va más allá de un solo crimen
El asesinato del ingeniero Marco Tulio Moncada no es un hecho aislado. De acuerdo con las investigaciones, la Banda del Cura opera en Olancho y zonas cercanas vinculada a sicariato, tráfico ilícito de drogas, porte ilegal de armas y otros delitos que han contribuido a la violencia en el departamento.
El caso destapó una red que no solo mata, sino que se infiltra en la vida cotidiana de comunidades enteras, imponiendo miedo y silencio.