Ocho de cada diez retornados hondureños trabajan, pero la pobreza persiste

Ocho de cada diez retornados hondureños trabajan, pero la pobreza persiste

La mayoría de los hondureños retornados logra emplearse en pocos meses. Sin embargo, más del 75% vive con ingresos por debajo del promedio nacional.

Regresar a Honduras ya no significa quedarse de brazos cruzados. Ocho de cada diez personas migrantes retornados consiguen algún tipo de empleo apenas entre uno y cuatro meses después de volver al país. El problema es que trabajar no les alcanza para vivir.

Según el Informe de seguimiento sobre retorno y reintegración en Honduras, elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en octubre de 2025, más del 75% de los retornados trabaja, pero sigue en pobreza.

Obtienen ingresos por debajo del promedio nacional y en condiciones mayoritariamente informales.

La promesa del retorno, reinsertarse y empezar de nuevo, se estrella contra una realidad dura: empleos mal pagados, sin estabilidad, sin protección social y sin una ruta clara de mejora.

Retornados: “Trabajo hay, pero no alcanza ni para la comida”

José, de 34 años, regresó deportado a Honduras tras vivir casi tres años en Estados Unidos. Hoy trabaja en construcción, con pagos diarios que dependen de si hay obra o no.

“No estoy sin hacer nada, trabajo casi todos los días, pero gano menos de lo que gastamos en comida. Yo pensaba que al menos volviendo iba a estar mejor que antes de irme, pero no”, cuenta.

Historias como la suya no son aisladas. El informe del BID revela que la mayoría de retornados concentra su gasto en alimentos, salud y servicios básicos, lo que confirma que sus ingresos apenas cubren la supervivencia diaria.

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Empleo rápido, pero precario para retornados

El dato que a primera vista parece positivo, alta inserción laboral, esconde una trampa estructural. El empleo de los retornados no es empleo digno.

Muchos se insertan en:

  • Trabajo informal
  • Oficios temporales
  • Actividades sin contrato ni seguridad social

El informe advierte que la velocidad de la reintegración laboral no va acompañada de calidad, lo que limita cualquier posibilidad real de salir de la pobreza.

Mujeres retornadas: trabajar menos y ganar menos

La desigualdad se profundiza cuando se trata de mujeres retornadas. El documento del BID muestra que ellas reportan ingresos significativamente más bajos que los hombres, y una proporción mucho mayor declara no recibir ningún ingreso en el último mes.

Ana, madre de dos hijos, regresó a Francisco Morazán tras ser detenida en su tránsito migratorio.

“Yo cuido niños, limpio casas, lo que salga. Hay meses que no gano nada fijo. Volver fue más duro de lo que pensé”, relata.

El retorno, para muchas mujeres, significa trabajo intermitente, carga familiar y mayor vulnerabilidad económica.

Pobreza, hambre y ansiedad: el costo invisible del retorno

El informe no solo habla de dinero. Revela una crisis silenciosa: casi el 70% de los retornados manifestó preocupación por no tener suficientes alimentos. Además, uno de cada tres presenta síntomas de ansiedad moderada o severa.

Estas cifras desmontan la idea de que el retorno es una etapa resuelta. Al contrario, muestran un proceso frágil, marcado por estrés, incertidumbre y desgaste emocional.

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Hondureños retornados: reintegración sin red

Aunque algunos retornados logran invertir pequeños recursos en actividades productivas, estos casos siguen siendo la excepción.

El informe concluye que sin políticas públicas diferenciadas y seguimiento real, el retorno se convierte en un círculo vicioso: trabajar, sobrevivir y volver a pensar en migrar.

Hoy, miles de hondureños regresan, trabajan y siguen siendo pobres. El empleo llegó, pero la oportunidad no.

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