por qué su voto vale más de lo que imagina

Honduras llega a la recta final de las elecciones 2025 con una inversión millonaria en juego y un desafío histórico: lograr que la democracia no se pierda en la abstención.

El reloj electoral avanza y Honduras entra en sus días decisivos rumbo al 30 de noviembre. En medio de la tensión política, la esperanza y la incertidumbre, una cifra debería obligar a todos a detenerse un momento: 266 lempiras. Ese es el costo que el Estado asume por cada hondureño habilitado en el padrón para garantizar que la democracia funcione.

Una cifra que no es solo matemática: es el precio de sostener la democracia. Una democracia que, según los expertos, está en riesgo cada vez que un ciudadano decide no votar.

Costo electoral en Honduras: la democracia no es gratis

El Consejo Nacional Electoral (CNE) oficializó el padrón definitivo a inicios de octubre:6,522,577 hondureños están llamados a votar, incluyendo casi medio millón en el extranjero.

El Congreso aprobó un presupuesto de 1,737 millones de lempiras para garantizar la logística, seguridad, tecnología y personal necesarios para organizar las elecciones.

Al dividir esa inversión entre los ciudadanos habilitados, surge el costo por persona: esos 266 lempiras que hoy ponen en perspectiva el peso de la democracia.

Para el sociólogo Marco Tinoco, de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), el mensaje es claro: “La democracia es costosa porque requiere formación ciudadana”.

Aun así, sostiene que Honduras mantiene uno de los sistemas democráticos más estables de Centroamérica, especialmente en comparación con países de partidos frágiles o bajo gobiernos abiertamente autoritarios.

Pero esa estabilidad, advierte, se tambalea ante un enemigo silencioso: el abstencionismo.

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Abstencionismo: la factura más cara

El fenómeno no es nuevo. Según el Centro de Estudios para la Democracia (CESPAD), en Honduras la abstención supera con frecuencia el 40 % del padrón.

Las razones se repiten: la desconfianza en los partidos, el desencanto ante la falta de soluciones y la sensación de que, gane quien gane, “nada cambia”.

Tinoco alerta que esta desmovilización también abre espacio a los liderazgos autoritarios que han surgido en otros países de la región.

Cuando la democracia pierde participación, pierde legitimidad. Y cuando pierde legitimidad, gana terreno la incertidumbre.

Votos desperdiciados: un lujo que Honduras no puede permitirse

El economista Henry Rodríguez, también de la UNAH, recuerda que el presupuesto electoral no es la única inversión en juego.

Existe además la deuda política, que retribuye 45 lempiras por cada voto recibido por los partidos.

Pone un ejemplo contundente: “Si votaran cuatro millones de personas, esa cantidad se sumaría a los 1,700 millones ya aprobados”.

En otras palabras, la inversión crece con cada votante que participa, pero también se pierde con cada persona que decide no ejercer su derecho.

Para Rodríguez, los votos no utilizados se convierten en recursos desperdiciados, una carga que la economía nacional termina absorbiendo.

Y en este punto coincide con Tinoco: la democracia no solo se sostiene con leyes, sino con participación activa.

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30 de noviembre: el día en que la democracia depende de usted

Ambos especialistas coinciden en algo fundamental: Honduras enfrenta una responsabilidad histórica.

No se trata de simpatizar con un partido ni de aplaudir a ningún candidato. Se trata de comprender que el país destinó miles de millones para asegurarse de que cada ciudadano pueda decidir.

Coinciden en que votar es convertir esa inversión en valor democrático. Abstenerse es permitir que ese esfuerzo se pierda.

Usted tiene en sus manos un derecho, una responsabilidad y una inversión pública.El 30 de noviembre, convierta esas cifras en una decisión: vote.

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