Rutas bajo amenaza ante ‘aguinaldo criminal’

Rutas bajo amenaza ante ‘aguinaldo criminal’

La extorsión se intensifica en diciembre: asaltos, amenazas y el exigido “aguinaldo criminal” elevan el miedo entre transportistas y pasajeros en las principales ciudades del país.

La Navidad llega con luces, ventas y fiestas… pero también con un repunte que nadie celebra: la extorsión.

Para los transportistas hondureños, diciembre no significa descanso ni buenos ingresos, sino un periodo en el que las amenazas crecen y el “aguinaldo criminal” se convierte en una obligación forzada.

Wilmer Cálix, dirigente del rubro, describe una semana que resume el pánico: 16 asaltos a buses en Tegucigalpa y 10 en San Pedro Sula.

Cada ataque es una emboscada silenciosa, donde al menos veinte pasajeros quedan expuestos a la violencia y a la pérdida.

Asaltos en rutas críticas: la extorsión golpea a todos

“Cuando asaltan un bus, no asaltan a una persona; asaltan a 20”, recalca Cálix.El cálculo semanal es desolador: entre cinco y seis unidades atacadas.

Conductores y ayudantes aprendieron a medir el peligro por el rumbo, por la hora y por los rostros desconocidos que suben a la unidad.

En cada asiento vacío queda el eco de un pasajero que decidió no arriesgarse. En cada viaje, los conductores cruzan rutas marcadas por la extorsión, donde lo cotidiano se vuelve incontrolable.

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Aguinaldo criminal: la cuota que imponen las estructuras

Diciembre marca un incremento en las exigencias criminales. Algunas estructuras no solo siguen cobrando, sino que piden más: un “aguinaldo” adicional para permitir que los buses sigan circulando.

“En Navidad algunas estructuras piden aguinaldo, y el sector transporte ya no aguanta. Si no lo hacemos, tirotean las unidades”, denuncia Cálix.

La extorsión pesa como un impuesto paralelo que ha drenado la economía del rubro. En tres años y diez meses, los transportistas han entregado alrededor de 1,650 millones de lempiras a grupos delictivos.

Tasa de seguridad: millones recaudados, pocos resultados

Mientras la extorsión avanza, el contraste con los recursos estatales se vuelve inevitable.

El dirigente señala que, en ese mismo periodo, el gobierno recaudó 16,900 millones de lempiras mediante la tasa de seguridad.

Pero para el sector, los resultados son “mínimos”. “Ese dinero de la tasa no se refleja en resultados”, lamenta Cálix.

La queja es directa: no ven investigación, no ven inteligencia policial, no ven operativos capaces de frenar la extorsión que se adueña de las rutas y de las noches.

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Operativos urgentes: la demanda del transporte

Transportistas piden acciones inmediatas: operativos móviles en las rutas más golpeadas, inteligencia para identificar a los responsables y una presencia real del Estado que no llegue solo cuando ocurre una tragedia.

Para quienes mueven a Honduras todos los días, viajar no debería ser un acto de fe. Pero hoy lo es.

La Navidad no debería ser un mes de miedo. El “aguinaldo criminal” no puede seguir dictando el precio de la vida en las calles.

La extorsión se infiltró en cada tramo del transporte público y amenaza con quedarse, a menos que la respuesta sea tan firme como el clamor de quienes hoy conducen entre el peligro y la esperanza.

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